Pájaro de barro

La semana pasada llegó a casa este pizpireto pajarillo de barro que encontré cuando me daba una vuelta por la tienda del Museo Picasso de Barcelona tras visitar la exposición de esta temporada.

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Desde siempre los pájaros han sido uno de mis animales favoritos y han estado muy presentes en mi vida, en especial durante mi infancia, de la mano de mi tío Francisco que criaba canarios  y tenía un aviario con perdices, faisanes y una pareja de pavos reales.

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Me llamó enseguida la atención por estar hecho de barro, porque es áspero pero a la vez tiene una forma coqueta y por el color, que me encanta, muy al tono de los muebles. Hace tiempo que quería hacerme con alguna pieza de barro o cerámica rústica pero no encontraba nada que me encajara, y con esta pequeña figura ha sido amor a primera vista!

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Golondrinas en la pared del cabecero

En el balcón de casa de mis tíos siempre tuvieron las golondrinas un nido (y siempre me pregunté porqué ellos merecían ese honor y yo no!). Desde niña es un ave que me ha llamado la atención, por las migraciones, por su vuelo, su canto, su memoria, su anidación… Y, aún hoy, me hace pensar en las tardes de verano, en atardeceres, en lealtad, en felicidad.

Desde hace años guardo una pequeña golondrina de cerámica negra recuerdo de casa de mis tías (las golondrinas de porcelana negra durante décadas fueron un clásico en las casas españolas), pero al tener mi piso no supe bien dónde colgarla, así que la dejé en un cajón a la espera de inspiración.

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En Lisboa las golondrinas de cerámica son un souvenir muy habitual y en la habitación de un coqueto apartamento de la Alfama (AirBNB Feel Alfama at BCA, Cascão 18) encontré la inspiración. Varias golondrinas «volaban» sobre el cabecero de la cama en una habitación minimalista muy parecida a la mía.

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En una calle también de la Alfama encontré una encantadora tienda local dónde me hice con varias de ellas, y adapté la idea en la pared del cabecero de mi cama.

Antes de colocarlas probé la distribución de dos maneras:

  • primero las coloqué sobre una colcha blanca encina de la cama para probar diferentes posiciones y les hice fotos, así comprobé en pantalla cual de ellas me parecía más estética.
  • después con pequeños post-its trasladé esa distribución a la pared, rectificando varias veces las posiciones al alejarme y tomar perspectiva.

Con los puntos así marcados coloqué unos fija cuadros Fischer que no necesitan taladro y apenas dejan marcas al retirarlos y colgué las golondrinas.

Si no tenéis ocasión de pasar por Lisboa y no os importa dejaros un dinerito en un capricho, os dejo aquí las golondrinas de cerámica negra que más me gustan de la Real Fábrica Española, creadas a partir de los moldes originales de la fábrica de cerámica valenciana del artista G. Martinez. Me encantan porque son negras y blancas, con el esmaltado en un degradado precioso. Están disponibles en packs de 6 o también sueltas, empaquetadas en una caja con toda su historia bien contada en el interior.

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Eames House Bird

Desde niña los pájaros han sido uno de mis animales favoritos y han estado presentes en mi vida, en especial, en casa de mi abuela mientras vivió su hermano, mi tío Francisco, que criaba canarios  y tenía un aviario con perdices, faisanes y hasta una pareja de pavos reales. Me recuerdo de niña observándolos fascinada durante horas.

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Por eso cuando descubrí a este enigmático pajarillo, de formas mínimas y color oscuro, me encapriché enseguida! Fue después cuando he sabido que se trata, nada más y nada menos, de uno de los iconos del diseño nórdico – escandivo desde los años 50.

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La historia del Eames House Bird es curiosa. Fue popularizado por  la pareja de diseñadores Eames, Charles y Ray, que adquirieron un señuelo de madera para cazadores de aves en sus viajes en las montañas de los Apalaches.

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El pájaro negro, tallado y pintado se convirtió en una pieza central de la sala de estar Eames y pronto comenzó a aparecer en muchas de sus sesiones fotográficas de productos de forma que se convirtió en un modelo muy solicitado en los años 50.

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Después de pensar y comparar precios, me decidí a adquirir una réplica, y estoy contentísima! Me parece que dónde lo coloque, queda bien. En especial lo prefiero en el salón, dónde lo iré cambiando de ubicación: en la zona del televisor, sobre el aparador o en alguna estantería.

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El pobre no siempre ha conquistado a mis invitados a la primera, (incluso alguna vez han sugerido echarlo a volar por la ventana!) pero al final se acaban  reconociendo que queda genial!